Roland Dumas: altos y bajos, por Jacques-Alain Miller

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Como dicen los suizos, J´ai mis le feu au lac! Roland está contento de sí mismo. ¿Y por qué no? Esos ruiditos hechos con la boca frente al “hombre libre” de la radio televisión bastaron para hacer gritar a toda la clase política. El título de su nuevo libro* aparecido el lunes, anunciaba su intención  de astutamente hacerse el “políticamente correcto”. Y bien, lo demuestra en acto. Es muy fuerte. A los 92 años, el ex presidente del Consejo Constitucional se volvió el viejo caballero indigno de la política francesa.

Es un nuevo volumen de memorias. ¿Cuántas ha escrito ya? ¿Cuatro, cinco, seis? No menos, tal vez más. Es inagotable. Y, créanlo o no, nunca se repite, o casi nunca. El mismo es materia inagotable. “Mi alma tiene su secreto, mi vida tiene su misterio”. Pobre Arvers, tan estrecho. Ustedes piensan bien que si el alma de Roland Dumas hubiera ocultado solo un secreto no hubiera llegado muy lejos. No, su alma encierra cantidades de secretos, secretos innumerables, y que no son solo los suyos. Este alma tiene la estructura del tonel de las Danaides, lo que explicaría que pueda incesantemente contar, confesar, confesarse, sin agotarse jamás.

Acosado por Eva, demolido por Edwy

¡A seco! Así entró en la vida. En limusina, un “joven resistente famélico”, dice Liberación en 2001, con la pluma de Pascal Virot. “En París, toma la apariencia de Rastignac. Su encanto opera. Su ambición le sirve. los salones se abren. Los saloncitos también”. Más tarde, cuando la justicia destape sus cuentas y abra sus cofres, se comprobará que conservaba sumas importantes en efectivo. Si recuerdo bien, lo explicó aduciendo su gusto provinciano por el colchón y las alcancías.

¡Dios sabe que le han reprochado cosas! Habrá tenido de todo. Fue sabiamente torturado por Eva Joly luego del asunto Elf, no era lindo lindo(joli joli) de ver, si puedo decirlo. el amigo Plenel, por su parte, consagraba la primera plana de Le Monde a sus ignominias. Acosado por Eva, demolido por Edwy, arrojado todos los días desde lo alto del Arx tarpeia, pensó seriamente en matarse.

Nosotros, sus amigos, estábamos preocupados. Quizá el momento más penoso fue cuando supimos luego de derrotarlo, que la terrible Noruega iba a entrar ella misma en política. Se hubiera dicho una ménade vistiéndose con la piel sanguinolenta del sátiro luego de haberlo despellejarlo vivo. Visión de horror.

La “inmensa fortuna” de Talleyrand

Algo que nadie le repechó a Roland es haberse enriquecido con el poder. Una de sus amantes sin duda hizo que se recaliente un poco su tarjeta de crédito corporate para hacerle regalitos. No digo que un Robespierre lo hubiera aceptado, pero en fin, incluso esto pasa en Noruega. No, Roland tenía fortuna antes de ser ministro. Nada que ver con Talleyrand, ese “hombre con infinito espíritu, dice Stendhal, al que siempre le faltaba dinero”.

Anécdota. Estamos bajo el Directorio, Barras domina el grupo de cinco. La Sra. de Staël se activa para hacerle obtener a su amigo Talleyrand la cartera de Relaciones Exteriores. Es cosa hecha el 16 de julio de 1797. El nuevo ministro da cuenta de ese momento en sus Memorias: “El carácter absoluto que tenían todos los actos del Directorio, las instancias apremiantes de Staël y más que todo eso, el sentimiento que uno mismo tiene de que no es imposible hacer un poco de bien, me alejaron de cualquier idea de rechazo”.

Benjamin Constant narra la cosa un poco diferente. Talleyrand está en el teatro con Boniface de Castellane. Es Benjamin quien trae la buena nueva al nuevo ministro. Los tres suben a un coche. Apretando las rodillas de sus dos compañeros a su lado, Talleyrand se exalta: “Hay que hacer una fortuna inmensa, una inmensa fortuna”. Duff Cooper duda de la veracidad de esa historia.

Como Wikipedia lo escribe de una linda manera, “de hecho y desde ese instante, toma la costumbre de recibir importantes sumas de dinero del conjunto de los Estados extranjeros con los que trata”. Sainte Beuve en los Nouveaux Lundis: “El Sr. de Talleyrand evaluaba en 60 millones lo que podía haber recibido en total de las grandes o pequeñas potencias en su carrera diplomática”. Roland también tiene mucho espíritu, uno es el espíritu de que nunca le falte dinero. Tuvo su práctica de abogado para ganarlo. Allí nunca le hizo un regalo a nadie. ¿Y por qué lo habría hecho?

Anécdota

Ahora otra anécdota. Comienzo de clases de 1965, hace medio siglo. Acabo de reclutar a mis amigos Grosrichard y Milner, que están conmigo en la Escuela, más Regnault que acaba de dejarla para irse a enseñar filosofía al Prytanée militar de La Fléche: la idea es publicar cada dos meses un pequeño boletín mimeografiado que va a canalizar la agitación intelectual en que nos colocó el Seminario de los agregados 1963-1964, consagrado a Lacan por Althusser, seguido de la venida de Lacan en persona a nuestros muros (enero 1964). Subvenciones, fondos: cero centavo. Termino de resolver con mi amigo Jacques Broyelle, el lugarteniente de mi amigo Robert Linhart, que el boletín lacanoalthusseriano que voy a crear tenga una tirada de 500 ejemplares en el mimeógrafo que acaba de comprar el grupo clandestino, cuyo objetivo es separarse de la Unión de Estudiantes Comunistas en ocasión de la próxima elección presidencial. Los números nos los van a facturar a precio de costo y la primera tirada se pagará una vez vendida. Broyelle no piensa obtener plusvalía sobre las espadas de sus camaradas, le basta con hacer circular el material.

Almacenamiento: en el sótano del departamento de Judith, rue de Buci. Los dos llevaremos el registro de las suscripciones y entregaremos a los suscriptos. Solo habrá un depósito en librería en Maspero, rue de la Huchette, con la insignia La Joie de lire (la alegría de leer), donde se aprovisiona todo lo que el barrio latino cuenta en ese momento como aspirantes a revolucionarios intelectuales y políticos.

En lo de Dumas no les hacen regalos

Todo se hará de manera militante. No hay salario. Cada uno donará su tiempo. Ningún fin de lucro, lo que va de suyo. Aun hace falta crear una personería jurídica, una asociación según la ley de 1901. ¿Quién va redactar los estatutos, llevarlos a la prefectura, publicarlo en el Diario oficial? Roland Dumas me dice Judith, el abogado de la familia, es un amigo, nos lo hará gratis o a precio de costo. Algunos días después recibo del estudio Dumas en la rue d´Ulm un correo que contiene: 1) la fotocopia de los estatutos tipo de una Asociación de 1901, el modelo que encontramos en una pila en la prefectura. 2) una factura cuyo monto alcanza mi salario mensual de alumno funcionario.

Furia por haberme dejado agarrar como un tonto (siendo que en efecto soy un tonto). Hago el cheque que me piden (no sin que me aflore la idea de tirar la factura a la basura).

Me juro no contar de ahora en adelante más que con mis propias fuerzas (precepto de Mao). Seré conducido a crear en los años 1980 en el psicoanálisis decenas de asociaciones a través del mundo y redactaré yo mismo todos sus estatutos. Cuando necesite pasar por un abogado, tendré las riendas, discutiendo ásperamente sus honorarios con antelación. Con este principio, construí la Asociación Mundial de Psicoanálisis (más de 2000 miembros, repartidos en siete Escuelas). Le debo todo a Roland, y a la manera que tuvo de torcerme, a despecho de su amistad con Judith.

No solo no le tengo rencor por no hacerme ningún favor (Favores que matan, título de Stendhal) sino que le agradezco la lección que me dio: costaba lo que valía. De hecho, recibí lo mismo de Lacan, por vía de una tercera persona. Será mi tercera y última anécdota.

En lo de Lacan tampoco

1974. Son los primeros tiempos de mi amistad con Benoit Jacquot, al que encuentro en su proyecto de Televisión con Lacan. Si recuerdo bien, vivía en rue Bourbon-le-Chateau, a dos pasos del 15 rue de Buci, en pareja con una muy linda y conmovedora joven, que cada tanto trabajaba como modelo de ropa interior. Un día vienen a almorzar a nuestra casa, veo que N* está mal, me lleva a un costado, sus ojos se llenan de lágrimas: las cosas no marchan con Benoit, estoy muy angustiada, tengo que hablar con un analista, solo veo al Dr. Lacan (siempre es tan atento con ella, siempre con amabilidades), pero es muy caro, lo sé, no tengo dinero, Jacques-Alain, puede usted explicarle, lo escuchará, que me haga precio.

Llamo por teléfono a Lacan, rue de Lille, le explico la cosa. Sí… Sí… es muy comprensivo, que venga a verme a tal hora. Yo transmito a N*. Entusiasmo. Sale de su cita, me llama, ella le dijo todo, lloró mucho, a la salida, la aporreó, le sacó todo lo que había ganado como modelo. Aún está temblando.

Más tarde, me dirá cuánto le sirvió esta sesión. Hubiera podido seguir arrastrando la relación con Benoit mucho tiempo, pero se terminó, yo lo sabía, pero no quería admitirlo. Moraleja: no hay que preocuparse por ayudar a su prójimo, ustedes lo hunden en su propio marasmo, lo encierran en su prisión de evasivas. La verdad libera.

Le feu au lac

Volvamos al viejo indigno que met le feu au lac.

Como dicen los Suizos, j´ai mis le feu au lac! Roland Dumas dijo esta frase ayer por la tarde en France 24, algunas horas después de haber saltado a los titulares en BFM. Adoro la precisión: “Como dicen los suizos”. Admiro que permanezca calmo, reposado, zen en el tumulto.

Mi Diccionario de expresiones cotidianas (de Bernet y Rézeau, editado por Balland 2008) dice: “il n y a pas le feu au lac”, como una locución de la frase que significa “nada apura”. Es un reforzamiento de la expresión “no hay fuego”, que está consignada en la suiza francófona desde mediados del siglo XIX. Los autores señalan que fuera de Suiza “la expresión a menudo se articula con una entonación arrastrada que trata de reproducir la entonación suiza francófona”. Solo es para los judíos, mientras que los valdenses también tendrían razones para quejarse y reivindicar. Lacan apreció el espíritu valdense; menciona en los Escritos un proverbio valdense que le había enseñado Sylvia: “Nada es imposible para un hombre, lo que no puede hacer, lo deja”. Vemos aquí que Roland forma parte de la familia.

En contexto positivo “y a le feu au lac” significa que hay urgencia. En cuanto a “mettre (ou foutre) le feu“, esta locución verbal quiere decir: “Caldear mucho el ambiente en un concierto, un espectáculo”. Ver “Encender el fuego”, título de una canción de Johnny (1998). También es “Animar con ardor una prueba, una competencia”.

Sin embargo, el Bernet y Rézeau no dice nada de “mettre le feu au lac“. Nada en el Diccionario del argot de Larousse ni en el Nuevo Diccionario de la lengua verde, de Pierre Merle. ¡Cómo parloteas! Diccionario del francés contemporáneo de citas, prefacio de Claude Hagege, da como sinónimos “mettre le bronx (causar problemas), mettre le souk (hacer desagradable desorden), foutre le delbor (joder) , foutre le hala“, nada sobre el fuego, ni sobre el lago.

Bueno, hay que saber detener una búsqueda. Hasta información más amplia, me atendré a la información de Google, en razón de la  contaminación de la expresión “mettre le feu” por la expresión “y a pas le feu au lac“, como significando “crear una situación de urgencia, joder en un burdel, un apasible estanque de patos”, todos efectos que corresponden a los de la irrupción de un “políticamente incorrecto” en un medio “correcto”. Concluyo de esto que el sentimiento de la lengua en Roland Dumas es de una seguridad perfecta. “J´ai mis le feu au lac“, no podría decir mejor el lunes a la tarde lo que hizo la mañana misma en el micro de Jean-Jacques Bourdin.

Se habrá notado que me acerco a pasos cuidadosos del núcleo incandescente del asunto, el llamado “Jean-Jacques Bourdin”.

Le Point– Publicado el 21/2/15 a las 9.43

Continuará

Traducción: Silvia Baudini

* Políticamente incorrecto, ChercheMidi, 678 páginas, 19,50 Euros.

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