Respuesta a Ranciére – Jacques-Alain Miller

Respuesta a Ranciére
Jacques-Alain Miller

Estimado Ranciére:

Acabo de leer en el Obs tus palabras en respuesta a Eric Aeschimann, y no sé si vivimos en el mismo país, ¿qué digo? en el mismo planeta, cuando veo que dices en el comienzo de esa entrevista: “Todo el mundo, por supuesto, está de acuerdo en condenar los atentados de enero”.Ranciere

Antífrasis flagrante que desalienta la polémica. No digo nada. Tienes libre el campo para explicar a tu antojo lo que hay que comprender de esta frase.

¿Cuál es entonces este “todo el mundo, por supuesto”? Nos lo presentarás, estaré encantado de conocerlo, es un “todo el mundo” de buena compañía, incluso si deja un buen número de personas por fuera.

Reflexionando sobre eso, creo que lo que has querido decir es que tú no estabas del lado de los asesinos y si lo dijiste de manera desafortunada, es que tampoco estás del lado de aquellos a los que asesinaron.

Si lo pensamos, este “todo el mundo” que no es todo el mundo, es lo que constituye el problema del universal.

Deploras que el universalismo haya sido “confiscado y manipulado”, “transformado en signo distintivo de un grupo”. Pero el gusano está en la fruta, quiero decir, en el concepto mismo. Los universalistas no son tan tontos como para ignorar que no son todo el mundo. Si hay universalistas, es porque hay particularistas, sin contar las singularidades.

Resulta de ello que el universalismo nunca es otra cosa que el “signo distintivo de un grupo”, y los particularistas, por su parte, se fundan en tener al universalismo como el particularismo de los universalistas.

No carece de razón. Aquellos que piensan que “los grandes valores universalistas”, como tú los llamas, no son más que los instrumentos new look del imperialismo occidental, son legión. Es la mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sobre este asunto, Putin y sus filósofos eslavófilos, los amos de China, de Arabia Saudita, de Irán, el nuevo Califato islámico, sin olvidar al difunto Lee Kwan Yew, inventor de Singapur, y los hermanos Castro, están de acuerdo.

Dices algo parecido en lo que concierne a Francia. A saber, que los grandes principios universalistas de ahora en más son instrumentados por una voluntad de dominación que se dedica a atormentar “a una comunidad precisa”. De resultas, reniegas de un universalismo que no vehiculiza más que xenofobia y racismo. Aquí digo stop.

Distingamos el plano internacional y el plano nacional. En lo que respecta al concierto de las naciones, no es absurdo pensar que más vale admitir que el universalismo es un particularismo, el nuestro, más bien que querer a toda costa hacerlo universal. Pues en ese caso, se hace forzoso llamar de entre los muertos al universal con botas, aquel que encarnó en otro tiempo, bajo la égida de los Derechos del Hombre, el famoso “comedor de hombres”, el Emperador de los franceses. Pero, en Francia, ¿en nombre de qué quieres obtener ahora de los indígenas que sometan su particularismo, que es universalista, al particularismo de la “comunidad precisa”?

Cuando Aeschimann te interroga sobre la cuestión del velo y la emancipación femenina, le respondes: “El estatuto de las mujeres en el mundo musulmán seguramente es problemático, deberán clarificar lo que para ellas es opresivo. Y en general, le compete a los que sufren la opresión luchar contra la sumisión. No se libera a las personas por sustitución”.

Tu última frase resume bien la objeción de Robespierre a Brisset, cuando este llamaba a la Francia revolucionaria a una “cruzada de la libertad universal”: “La idea más extravagante que puede nacer en la cabeza de un político es creer que le basta a un pueblo con entrar con armas en la mano en un pueblo extranjero para hacerle adoptar sus leyes y su constitución. A nadie le gustan los misioneros armados, y el primer consejo que dan la naturaleza y la prudencia, es rechazarlos como enemigos”. (Discurso al Club de los Jacobinos, 2 de enero de 1792).

Pero el argumento no responde a la pregunta planteada. No se trata de guerras extranjeras. Aeschimann no te habla de liberar a los afganos o a los sudaneses, te pregunta sobre la emancipación de las francesas con velo. Desligarse hablando de las costumbres del “mundo musulmán” cuando se te interroga sobre la suerte de nuestras compatriotas y remitirlas a su responsabilidad, no lo responde. Es embarullar las cosas y hacer como Poncio Pilatos. Su sujeción eventual no solo es asunto de ellas, ni siquiera de la “comunidad precisa”, le concierne a la comunidad nacional en su conjunto.

No te veo mejor inspirado cuando estimas que la libertad de expresión nunca estuvo en cuestión en la masacre de la redacción de Charlie, y que no se polarizó sobre esto más que para “descalificar a una parte de la población”. Tú ves en la libertad de expresión “un principio que rige las relaciones entre los individuos y el Estado.”

No, Ranciére. ¿Por qué la matanza del 7 de enero suscitó una emoción incomparable a la que produjeron los atentados de las estaciones madrileñas en 2004, con sus 200 muertos y 1400 heridos? Es que súbitamente una voluntad se hacía presente en el corazón de París, la que anunciaba a la humanidad en su conjunto que, bajo pena de muerte, no deberían ser dichas ni representadas ciertas cosas. Esta exigencia exorbitante del derecho de las personas testimoniaba del deseo loco de una sumisión universal. La matanza suscitó las reacciones más diversas: terror, rebelión, resistencia, pero también comprensión, adhesión y admiración.

De hecho, todo estaba ya allí en germen desde el 14 de febrero de 1989, en la famosa fatwa del ayatollah Khomeini. Recuerda que él invitaba a todos los musulmanes, el universal de los creyentes, a ejecutar sin mediar palabra a Salman Rushdie, sus editores y toda persona que tuviera conocimiento del libro de los Versos satánicos. El amo de Irán demostraba de este modo que podría abiertamente, impunemente, condenar a muerte por delito de blasfemia a los residentes de varios Estados extranjeros que viven sobre el suelo de aquellos. ¿Tú dirás que la libertad de expresión allí tampoco estaba en cuestión porque la situación se salía del marco de tu docta definición?

Un entrecruzamiento curioso. Un buen ardid. A medida que Occidente era forzado a admitir de mala gana que su universalismo no era más que un particularismo, el particularismo musulmán se revelaba ser un universalismo. El Universal con botas está de regreso entre nosotros. Habiendo fracasado la tentativa de los neo conservadores americanos, es el turno del Universal musulmán de subir a la escena de la Historia, y de actuar el papel “del alma del mundo”. El también va a fracasar. Por una parte, está dividido, devorado desde adentro por el sisma que levanta unos contra otros a los chiitas y a los sunitas. Por otra parte, las democracias tienen una resiliencia que los totalitarismos desconocen por verlas desvirilizadas, corrompidas y caóticas. Por tu parte pareces desconocer la dimensión transnacional de las dificultades francesas.

Hay un universalismo judío, puesto que las siete leyes de Noé valen para cada uno, pero es un universalismo sin proselitismo, cuyo núcleo es el particularismo reivindicado del pueblo elegido. Hubo un tiempo en que el universalismo cristiano era joven, tónico y en ocasiones sanguinario: hoy se satisface con palabras de ecumenismo. El universalismo comunista sobrevive en estado de recuerdo y de esperanza. Quedan en la competencia el universalismo capitalista y el universalismo musulmán.

El reciente acuerdo nuclear con Irán muestra que Obama se apoya en el soft power para subvertir desde adentro a la austera República islámica. Sin duda espera que el día en que hagan cola en Irán para adquirir el último iPhone, ¡Apple Akbar! no estará lejos de sustituir al antiguo Takbir.

El entusiasta recibimiento reservado al mismo acuerdo por los más encendidos de los revolucionarios iraníes muestra que no se creen nada. Lucha titánica: ¿quién ganará, el gadget o el Uno? ¿Resultara de esto un matrimonio de la producción intensiva y de la identificación nacionalistas, a la china?

El particularismo ruso hoy pretende jugar en la corte de los grandes universalismos contemporáneos. Su recurso es hacer revivir la teoría escatológica del “Moscú tercera Roma”. Observamos a diario cómo atrae a su órbita a las extremas derechas europeas. ¿Su Internacional irá mucho más allá?

En cuanto al particularismo francés, ya no tiene las ambiciones que Maurras había inspirado a De Gaulle: las de hacer de la vieja nación el líder de las pequeñas y medianas potencias que resisten a los Imperios. Se limita a mantener su “modelo”, que ya no es un modelo para nadie. Tus sarcasmos contra el laicismo a la francesa, y no hay otro, lo leo todas las semana en el New York Times, en The Economist, en el Wall Street Journal, en el Financial Times. Franceses, dicen todos, un esfuerzo más si quieren ser capitalistas: sean multiculturales, liquiden su Leitkultur (cultura dominante), dejan pasar libremente a las personas y los bienes, y luego, que cada uno goce en paz de sus amores, de sus hábitos, de su alimento.

También ese es un buen ardid, que ve a los defensores de los más explotados, entre los que tú estás, trabajar para el rey de Prusia.

Tú haces del Partido Socialista, el sepulturero de la izquierda. Eso es desconocer la parte que le toca al Partido Comunista en el entierro del Hombre de Izquierda. En la gran época, bajo la dirección de Thorez, el PCF, moscovita hasta los huesos, lograba aparecer como un partido nacional, incluso nacionalista. Otro ardid: dejado librado a sí mismo, lejos de arraigarse en la nación, perdió sentido.

Tú mismo no quieres ver en la atención que se le da al factor nacional más que “derechización galopante”. Esperas de los “movimientos democráticos de masa”, salidos de no se sabe donde. No retienes nada sino “desastres económicos” y “caos geopolítico” de los últimos cuarenta años. Y eres uno de los pensadores más distinguidos de la izquierda de la izquierda.

La misa ha sido dicha. los proletarios están en el Frente nacional. La izquierda de la izquierda se anquilosa. La izquierda se desliza al centro. La oferta a la derecha, de Sarkozy a Juppé, no es la más amplia. Es el nuevo reparto.

Con mi mejor recuerdo.

Traducción Silvia Baudini

Fuente: EOL POSTAL

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