FAPOL | Rumbo al VII ENAPOL- Boletín # 8

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Rumbo al VII ENAPOL
Pasen y lean tres hermosos textos de
Silvia Perassi, Laura Arroyo y Claudio Spivak
que nos hablan de narcisismo; de machos;
de “fórmulas” y gadgets…


La sociedad del control apela al narcisismo

1El control sobre los cuerpos no es asunto nuevo. Sin embargo, decimos que la de hoy es una “sociedad del control”. ¿Qué hace esa diferencia? Por una parte, encontramos que en la vigilancia hipermoderna no hay excepción. Todos nos volvemos sospechosos y todos “tenemos derecho” a sospechar de todos y a exigir pruebas de veracidad a través de las imágenes. El mandato superyoico de transparencia, al tomarse la imagen como verdad, agita los cuerpos, aunque el éxito de transparencia no se consigue. Más bien, eso fracasa y el “todo bajo control” no evita que se lo pierda insistentemente.
Por otro lado, lo que impera en la vigilancia actual no es el contacto de los cuerpos sino las imágenes de los mismos y también una vigilancia de sí mismo en las imágenes. A la aspiración a ser vistos no hay nada que se le oponga. Un imaginario sin el orden simbólico. El “muro de pantallas”[1] donde emergen los trozos de real que angustian.
En ese sentido, intentaremos investigar las consecuencias en los cuerpos y en el lazo social de esa vigilancia que se sirve de los espejismos del goce narcisista de esta época. Y también dar cuenta de cómo nos servimos los analistas de la consistencia imaginaria para saber hacer con lo real del síntoma.

Silvia Perassi – EOL
Grupo investigación: Sujetos vigilados y vigilantes en la sociedad de control

[1]  Wajcman, G: El ojo absoluto. Buenos Aires. Manantial. 2011. p. 61.


¿A qué llamamos nuevas virilidades?

2

Los avatares de la época son avatares de discurso, para el analista, avatares de subjetivación  de lo masculino y de lo femenino. El antropólogo italiano, Franco La Cecla, en su libro “Machos sin ánimo de ofender”[1], se detiene en la paradojal condición masculina afirmando que ésta sólo se sostiene a partir de la diferencia con lo femenino: “Los hombres para demostrar que son machos deben subrayar la diferencia con las mujeres”. Y nada más angustiante, para ellos siempre se está frente a la posibilidad de no ser lo suficientemente macho. La masculinidad  aparece así como resultado de una cierta inadecuación. El hombre tiene un sexo invisible, señala: no le ha sido reservada ninguna cultura del espejo. Es como si el cuerpo del macho no estuviera hecho para ser mostrado. Sin embargo, al ser mostrado, el cuerpo masculino pasa de la invisibilidad al ámbito femenino, sostiene La Cecla coincidiendo con Lacan, quién, en “La significación del falo”, había observado que la demostración viril deviene por sí misma femenina. En el Seminario 19: “..o peor” Lacan se pregunta: “¿Será que todo lo que no es hombre es mujer? Para ironizar más adelante: “Sólo de una mujer se dice que es viril. Si alguna vez escucharon hablar, al menos en nuestros días, de un tipo que lo sea, muéstrenmelo, que me interesará”.

Laura Arroyo – EOL
Grupo investigación: Mujeres frente al espejo; nuevas virilidades.

[1] Franco La Cecla, Machos sin ánimos de ofender. Madrid. Siglo XXI. 2004.


Devora

3En “El triunfo de la religión” [1], Lacan expone que lo real real, lo verdadero real es aquel al que se accede por el camino científico, por el camino de las ecuaciones.
Ese real es el que nos falta, nos falta por completo. Se trata de algo que nunca podremos dominar. Cree que nunca lograremos obtener una fórmula que escriba científicamente la relación entre los parlêtres que sexuamos como varón y mujer. Y es allí, en ese punto, donde se aferra toda la proliferación de síntomas. Hasta ahora, de esas “formulitas” científicas sólo obtenemos  los gadgets. ¿Qué obtenemos de los gadgets? Lacan explica que se “manda un cohete a la luna, tenemos la televisión, etcétera”. Eso nos come. Nos come mediante cosas que remueve en nosotros. Agrega que la televisión es devoradora. Y sin embargo nos interesa. Uno se deja comer.

Claudio Spivak – EOL
Grupo investigación: Drogas e Imagen: los nuevos adictos

[1] Lacan, J: El triunfo de la religión. Paidós. Buenos Aires. 2006.


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