XXIV Jornadas Anuales de la EOL | Boletín # 13

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BOLETÍN #13                                    28/29.NOV.2015 | Hotel Panamericano

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En esta contribución encontraremos no exactamente una descripción, ni una enumeración, ni un panorama de la soledad contemporánea.

Se trata más bien de una precisión de sus presentaciones: el hablar sólo, el solitario entre muchos, la debilidad mental (¿la locura?), la experiencia.

Así una obra de arte puede abordarla desde distintos ángulos. ¿Y qué tendría que ver el número con la soledad?

¿Qué ofrece el psicoanálisis?

Efectuado este recorrido el texto se radicaliza de la buena manera: un análisis es una experiencia (¿contra experiencia podríamos decir?) de depuración de la soledad, la de cada uno, en sus tropiezos con lo real.

Querido lector: ¿Usted piensa que un psicoanálisis “cura” la soledad?

RAM no se engaña con esa perspectiva. Pero, para encontrar su respuesta inventiva a esa pregunta…hay que leer su precioso texto.

Luis Tudanca.

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Las consultas a los analistas en el siglo XXI ¿son por padecer la soledad? ¿Cómo son las soledades actuales? 

Pienso que la soledad que un analizante dirige a un analista, es no tanto como tema o como queja, sino bajo la forma de una experiencia. Una experiencia de la cual el parlêtre nos da su testimonio. Por ejemplo, cuando se encuentra con lo que, de su goce, escapa al encuadre fantasmático, o con lo que de él insiste bajo la forma de la repetición. 

Podemos decir que cada demanda de análisis hace resonar la soledad del parlêtre, en su relación con el goce enigmático de la pulsión. Es lo que lo hace confrontarse con los impasses que emergen de su sueño con el Uno de la unidad, o con el Uno de la esfera -como dirá Lacan- ya sea en lo que dice respecto a su relación con el propio cuerpo, sea en lo que concierne a la relación sexual. En ese sentido, hay algo de la soledad contemporánea que se conecta a la debilidad del parlêtre cuando se confronta con sus tropiezos frente a la consistencia mental de su cuerpo, con la desmedida de su goce en relación a su vida sexual, o frente a las exigencias de la ley en tanto convertida en norma.

Un lugar común en los días que corren, es la constatación de la paradoja de una soledad cada vez más pronunciada en una era de maximización de las formas de comunicación, cada vez más instantáneas, inmediatas,  apoyado en imágenes, como ocurre en las redes sociales. Del mismo modo, como Jacques-Alain Miller nos llama la atención respecto al hecho de que la expansión de la pornografía acentúa cada vez más la ausencia de relación sexual, podemos decir que la era de la comunicación en masa pone en evidencia la soledad esencial del  parlêtre en la relación con su goce.

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La dramaturgia brasileña trae dos ejemplos de esa soledad contemporánea. En una pieza de Nelson Rodrigues, La fallecida, la escena final es la de un hincha de fútbol que se dirige al Maracanã para asistir al juego de su equipo en la final del campeonato. Afectado por la traición y por la pérdida de su mujer, ve a si mismo como “el más solitario de los hombres”, en medio de cien mil hinchas. En otra pieza, El autoparlante, de Pedro Cardoso, el personaje se ve perdido en el centro de una gran ciudad contemporánea, “hablando solo”, sin saber si al “hablar solo” está hablando consigo mismo o si, aunque se esté dirigiendo a otras personas no está siendo escuchado por nadie.

Podemos decir que ocurren los cambios en la subjetividad de nuestra época también respecto a la relación con la soledad. En un reciente artículo publicado en la edición del 1 de abril de 2015, en The Guardian, bajo el título “The future of loneliness”, Olivia Laing hace una lectura de una serie de obras de arte  contemporáneas para examinar cómmo interrogan las nuevas formas de soledad. La autora constata que la idea de soledad como algo que emerge de “selves sólidos y separados” es una idea que está por verse. En un mundo en el que cada uno se muestra deslizando perpetuamente, pasando por “ciclos de transformaciones incesantes”, el “yo” ya no se reconoce como algo delimitado, sino que se experimenta como un entrelazamiento de identidades en flujo continuo. Para Laing, más allá de encarnados en un cuerpo, experimentamos ahora como redes, alimentados por corrientes de memoria y de datos. Siguiendo las elaboraciones de Lacan respecto a la relación sexual en El Seminario 23, es como si hoy viviésemos en un estado de equivalencia generalizada, como si fuese posible el pasaje, por ejemplo, de un sexo al otro, sin que hubiese alguna discontinuidad.

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Una imagen diferente de la soledad contemporánea puede ser captada en el libro La soledad de los números primos, de Paolo Giordano. Allí hay una referencia a los números primos gemelos, números primos consecutivos, separados solo por un número par (3, 5; 5, 7;11, 13; 17,19…) Si la soledad de los números primos puede ser una metáfora de la soledad contemporánea, cualquier estrategia de agrupamientos de esos números deberá tener en cuenta aquello que se interpone entre ellos.

¿Qué puede responder un psicoanálisis a ese malestar?

Podemos decir que un análisis es una experiencia de depuración de la soledad. En cierto modo, lo que lleva a alguien a buscar un análisis tiene que ver con su soledad en relación a los tropiezos con lo real.

Paradojalmente, es una experiencia de dos, bajo el marco de la transferencia, donde el parlêtre podrá tener acceso a su condición de “uno solo”, cuya existencia proviene de la solución sinthomatica de su respuesta al trauma y de la satisfacción que de allí se derivó.

En un cierto sentido, una experiencia analítica radicaliza la soledad, al crear condiciones para que el sujeto pueda desprenderse de sus ideales, liberarse de algunas de sus identificaciones y tomar distancia en relación al modo fantasmático de su lectura del mundo. Sin embargo, el reencuentro con la soledad de su existencia como parlêtre puede ser experimentada como un alivio, sin el peso del sostén fantasmático con el cual él busco tratar esta soledad.

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Acompañando las elaboraciones de Miquel Bassols, en un número anterior a este Boletín, podemos decir que un análisis permite que se haga la experiencia del pasaje de la “soledad con el Otro” a la “soledad sin el Otro”, momento crucial de un análisis en que incluso la palabra “soledad” suena extraña.

Con la promoción de la noción de “escabel”, que Jacques-Alain Miller trae a primer plano a partir de la última enseñanza de Lacan, se sitúa la cuestión de cómo, al final de una experiencia analítica, el parlêtre puede inscribir su solución sinthomatica en la dimensión del lazo social.

Etimológicamente, la raíz de la palabra “soledad” es la misma que la de la palabra “solo”, como aquello que está en la base, en el fundamento. Pero es también de allí que deriva la palabra “solista”. ¿Por qué no pensar que un análisis es un modo de tratamiento de la soledad de modo que el parlêtre pueda hacer la experiencia de ser un solista de su propio sinthoma? Para eso es necesario que tenga en cuenta la orquesta en la cual él está inserto, de modo que su singularidad pueda encontrar una buena resonancia para aquellos que lo escuchan.

Ram Mandil

Traducción: Marina Recalde


Hotel Panamericano | Carlos Pellegrini 551. C.A.B.A.
Informes e inscripción: Escuela de la Orientación Lacaniana. Av. Callao 1033, Piso 5. C.A.B.A.
Tel. 54 11 4811 2707 – eol@eol.org.ar – www.eol.org.ar/jornadas

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