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Preparados…listos.. Rumbo al VII ENAPOL…y cada vez más cerca! En el Boletín#19 encontrarán cuatro breves y precisos textos que nos hablan de tinder, de whatssap, de neuroimágenes…pero – especialmente- de lo “fallido de los encuentros”…a pesar de las “infinitas pantallas”… Graciela Chester, Beatriz Udenio, Dolores Amden y Alma Perez Abella nos guían esta vez…


“Es caprichoso el azar… no te busqué, ni me viniste a buscar”[1]

Concedámosle al poeta, que hubiera sido así, si no fuera porque apareció un nuevo gadget, se llama Tinder. Poco nos importa su sofisticación. Pero, sí, sus imaginarios alcances, que empiezan a escucharse en los consultorios. Se trata de una oferta del mercado, para “resolver” el misterio del dos[2].
Sólo como ejemplo.
Ella me cuenta, en entrevistas que, aburrida, en la mesa de un bar, lo encontró a un él desconocido, sólo, cargando unos datos y marcando su posición, la de ella. Y, como un chiste, desliza que, cada uno, respondía a lo requerido por su planilla Excel.3
Sin embargo, como al pasar, ella admite que, hay algo más… Una incomodidad que se le asoma a partir de su GPS amoroso. No sabe ¿en qué casillero de su grilla ubicaría ese molesto y sofocante rubor que la atormenta, desde el momento en que empieza a hablar con él?

Tocada por la tecla del pudor e incauta del embarras que la atraviesa, ella quiere saber qué es lo que no anda. Ésa es su responsabilidad.
La nuestra… hacernos partener de su chance para no errar, en las tinieblas del imperio de las imágenes.

Graciela Chester- EOL-AMP.

Grupo de investigación: “Los adolescentes en los medios digitales y sus nuevos lazos”
[1] Serrat, Joan Manuel: Es caprichoso el azar
[1] Lacan, Jacques: Seminario Los no incautos yerran. Clase del 12 de marzo de 1974. Inédito


A mí no me va a pasar

“A mí no me va a pasar” fue la fórmula con la que me retiré, silenciosa, de una conversación con compañeras de colegio a mis 11 años, cuando se respiraba el alboroto por la llegada de la menarca en una de ellas.
Cuando, por supuesto, 4sí pasó, no entendí por qué me felicitaban –“¡Se hizo Señorita!”- mientras yo nadaba entre la decepción y la incomodidad.

Varios años después, mi curiosidad despertó, con la llegada de ese pibe que me interesó. Luego de la “primera vez”, huí. Durante dos años hice como que no había pasado. No le conté absolutamente a nadie. “Si no lo digo, no pasó”. Allí, la palabra no pronunciada mantenía la ilusión de hacer del acto un no acontecido y del lenguaje una “idea del todo a la cual empero hace objeción el más mínimo encuentro con lo real” (1). No es por no decirlo, es porque no-hay cómo decirlo y, lo que pase resultará, por estructura, encuentro fallido. Por ende, mejor re-negar de él – manteniendo el sueño de la excepción de un cuerpo que se quería no marcado por la castración, el cuerpo-pupi, encanto de la madre. Consecuencia: el “desgarrón del yo que nunca se cura” (2)

Fue el psicoanálisis el que me forzó a hablar hasta reconocer ese incurable. Y me permitió constatar que desde tiempos inmemoriales nos arreglamos con la renegación – con o sin medios cyber y redes sociales.
A partir del Pase pruebo, cada vez, que en el decir, algo de esto pase.

Beatriz Udenio-AE-EOL-AMP

Grupo de investigación: “Los adolescentes en los medios digitales y sus nuevos lazos”

1-Lacan, Prefacio a El despertar de la primavera, en Otros Escritos, Paidós, Bs.As.,2012)
2-Freud, S.: Escisión del yo en el proceso de defensa. En O.C., Tomo III, Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.


Su majestad el cerebro

“De vez en cuando, mi cerebro me reprocha haber tardado en obedecerlo; haber subestimado sus posibilidades, su5s repliegues, su memoria; haberme dejado llevar a opacarlo, a frenarlo, a no escucharlo. Es paciente mi cerebro. Tiene el hábito de los pesados cuerpos humanos que dirige”. Estas líneas no son de Obama y su “Brain Initiative”, ni animan la contratapa de los tantos best sellers que abordan su enigma, sino un guiño de P. Sollers. Y si bien chistoso, no dista de la importancia que ciertas políticas de salud le dan a su majestad el cerebro. El avance de la neurociencia y sus aparatos espían el cerebro y toman de él…imágenes. Neuroimágenes que dicen de nosotros más de lo que nosotros podemos decir, y sin embargo ninguna clínica ni posibilidad diagnóstica se desprende de ellas. Lejos de los aparatos, el psicoanálisis se maneja con los muebles de la abuela: un diván y un sillón todavía alcanzan. Sabe por la clínica, que hay un real que agita los cuerpos, no reducible a lo real que la ciencia aborda con sus instrumentos. La pulsión, dice Freud, no se ve. Y el espejo como operador de la imagen es aún crucial, a pesar de las infinitas pantallas.

Dolores Amden-ICDEBA

Grupo de investigación: “El psicoanálisis y el body-mind problem”


Clínica del doble tilde azul

“Cuando le envío un mensaje a Juan, sé que lo leyó porque aparece el doble tilde azul del whatsapp, y sino me responde, enloquezco”.
Es en los momentos de espera que a esta paciente su cuerpo se le torna incomprensible debido a que le aparecen síntomas6 a los cuales no les puede atribuir sentido. Tiempo de espera en el que se abre un agujero difícil de simbolizar. Síntomas que ofician de límite, que algo logran anudar, y por los que tiene a toda su familia en jaque. Síntomas que utiliza para convertirse en amo del espacio intermedio del tiempo del otro.
Es en los tiempos de espera que se hace presente el goce opaco, un goce que abre a un tiempo distinto, no regido por la lógica fálica, y que la deja de cara al vacío. Mientras, ella, con su mirada clavada en la doble tilde azul, intenta que no vacile su frágil narcisismo.
Ella pertenece a lo que desde el discurso analítico podríamos llamar “la comunidad de consumidos por un presente insaciable”. Una comunidad que exige actualizaciones permanentes del estado de goce, y en la que, la historia y el futuro, parecen categorías temporales de otro siglo.

Alma Pérez Abella-EOL-AMP

Grupo de investigación: “Las identificaciones hoy: más allá del narcisismo”

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