Boletín Acción Lacaniana #5

¡ACOSTUMBRARNOS AL TERRORISMO! ¿CÓMO ESO ES POSIBLE?

José Fernando Velásquez

La ausencia de humanidad, la pulsión de muerte, o el retorno de lo real, son propios de lo humano. La sociedad humana transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. Terror, violencia, segregación han sido centrales en todos los momentos de la historia. El estudio de diversos momentos nos da cuenta de ello.

Dos estados, dos S1 cercanos en distancia, entraron en su momento en conflicto en lo que se llamaron las guerras del Peloponeso. Esparta era una vasta guarnición armada que se sostenía solo a través de la esclavitud y en la que todos los derechos individuales estaban subsumidos por el estado. Atenas por su parte era un poder dirigido por lineamientos democráticos, según los cuales cualquier persona considerada ciudadana tenía el derecho de participar directamente en el gobierno. Su cuerpo legislativo principal era una asamblea con un quorum de seis mil, que se reunía diez veces por año. Al ser vencida, tuvo que someterse a gobernantes espartanos que eran hostiles a la democracia.

El pensamiento político moderno que se instaló en la humanidad desde el siglo XVIII, respaldada por filósofos influyentes, no logró evitar las grandes guerras mundiales, ni las atrocidades vividas en el siglo XX ni en los inicios del siglo presente. El contrato social establecido desde la creación de las Naciones Unidas, exigía ceder en los derechos individuales para trabajar en pro de la voluntad general, el interés común de la sociedad mundial. Y sin embargo el apartheid fue dominante en Suráfrica hasta hace sólo 25 años, las masacres de Ruanda en 1994 dejaron un millón de muertes, y en Nigeria Boko Haram continúa actualmente con sus formas terroristas (el secuestro de 200 niñas para venderlas y dispersarlas como servidoras sexuales entre sus combatientes).

Hoy revientan las convenciones políticas que determinaron la composición de los países, y unidades políticas que fueron el producto de las guerras del siglo pasado; el mercado, el capitalismo están en el poder generando enormes problemas, crisis financiera, inestabilidad en los mercados y en los gobiernos. Los recientes acontecimientos terroristas demuestran que los poderes que representan los S1, las Convenciones, los Tratados, las Asambleas, son arreglos y pactos sociales que aunque convenientes, son incapaces de refrenar los problemas del Otro goce, cuando lo real toma cuerpo en individuos que actúan a nombre propio, motivados por sus percepciones singulares, se suman al ambiente de terror y se sacrifican llevándose en el camino a cientos de personas comunes. Ellos, generalmente mal integrados a lo social, restan a los intentos por conformar un bien común, por medio del extremismo en una posición: el sujeto reducido y consagrado a la voluntad del goce del Otro, la voluntad de Otro todopoderoso (Amo, Estado, Imperio, Iglesia).

Freud postula en Psicología e las masas y análisis del yo, que el odio puede tener un valor unitivo, identificatorio, en la conformación de masas. El odio al goce pulsional del otro funciona como sentido que da cohesión al vínculo social.[1] Pero el análisis de estos hechos no puede dejar fuera su otro gran aporte: la pulsión de muerte. Hay en juego algo imposible de erradicar, algo fuera de toda convención, insoluble en los buenos propósitos, en lo que pueden incluirse las pasiones oscuras, que esperan las condiciones para poder expresarse en el mundo.

Dos aportes lacanianos a la lectura del momento presente: al final del seminario “O peor” advertía que el racismo se enraíza en el goce del cuerpo[2], y en su Seminario “Los no incautos yerran”, habla de la forclusión del Nombre del Padre en la cultura, y el retorno en lo real de lo forcluido. No solo en la contemporaneidad hay esta forclusión, esto ha sido siempre en la historia del ser humano. Las ideas de libertad y respeto por el otro, pactadas en la Declaración de independencia de los EEUU en 1776: “Todos los hombres nacen iguales y tiene igual derecho a la vida, a la libertad y la búsqueda de la felicidad”, solo pudieron aceptarse respecto a la esclavitud 100 años después. Una sociedad globalizada, multicultural, como la americana, aún tiene un sueño incumplido como lo demuestra la violencia racial vigente, que evidencia la falta de garantías ciudadanas para la población negra.

Este retorno no solo viene bajo la modalidad de ley de hierro (sometimiento al goce del padre de la horda primitiva) con el terrorismo, las guerras tribales y las derechas radicales que terminan pareciéndose al mismo terrorismo que ataca. En Colombia los últimos 50 años estuvieron marcados por un conflicto armado, que se intensificó a medida que transcurría el final del siglo pasado y la primera década del presente, bajo la forma de masacres, el asesinato de todo un partido político, 7 millones de desplazados, 11 mil víctimas de minas antipersonales, 90 mil víctimas de actos terroristas o atentados, 165 mil desaparecidos, un millón de muertos, 3 mil falsos positivos y 32 mil secuestrados. La represión a los movimientos guerrilleros se produjo con tanto salvajismo que no dista del genocidio. Algo semejante, pero cada uno bajo su forma y temporalidad, pasó con la revolución francesa, y la bolchevique. Las propuestas populistas de Le Pen y Trump terminan pareciéndose a los terroristas.

La violencia como retorno de lo real nos estalla hoy a nombre de cerrar la puerta a la libertad de goces que pretende universalizarse. Es una revuelta alimentada por sentimientos anti-goce del otro. El terrorista religioso es una de las figuras patogmónicas del mundo actual, dice J. A Miller en las “Cartas a la opinión ilustrada”. Las vehementes ideas de individualidad y expresión del goce singular se mantienen imparables y encuentran su medio de realización en el mundo de la cultura occidental en el que el Otro como Uno ya no existe, pero encuentran en su camino secular, a la religión que sigue ejerciendo su poder. La religión y el estado, así como las diosas del amor y la guerra, son las mismas. La religión y el estado no son resguardos de paz porque en sus discursos proponen la superación de una modernidad fallida a la que atribuye los excesos de goce por fuera de los mandatos divinos.

Lacan profetizó la escalada de fundamentalismos, en el Seminario 16, “De un otro al Otro”, se refirió a las Cruzadas, donde los caballeros, al arrasar con todo, encontraban la perversión que iban a buscar. Advirtió también que hay que estar atentos ante otras cruzadas, actuales[3]. El terrorismo religioso atenta contra los símbolos de la cultura, en nombre del odio a lo que se ubique en posición de extimidad frente al goce propio[4]. “No es un hombre aquel al que rechazo como teniendo un goce distinto del mío”. En cualquier lugar del mundo aparecen los estallidos y los cientos de muertes obligan al contrato social a disolver las convenciones largamente luchadas. La búsqueda de integración en Europa ahora bajo la crisis migratoria de pueblos sin esperanza, se dirige en dirección más bien a la independencia y singularidad.

También una forma de respuesta a lo real es acostumbrarnos a ello. En la novela “La Cabaña del Tío Tom” de H. B. Stowe, el tratante de esclavos era un ser que “había superado todas las debilidades y prejuicios humanos”. La mirada de desesperación y angustia que le clavaba la madre negra a quién le arrebatan su bebé para ser vendido habría podido perturbar a una persona menos curtida, pero él estaba acostumbrado. “Ha­bía visto esa misma mirada cientos de veces. Tú también te podrías acostumbrar, amigo mío”. La frase se completa con un objetivo discursivo de los sureños: “y los últimos esfuerzos re­cientes tienen el gran objetivo de acostumbrar a ello a toda la comunidad del norte, por la gloria de la Unión”[5].

¡Acostumbrarnos al terrorismo! ¿Cómo eso es posible? Cualquier acto terrorista está influido por las redes sociales y la conectividad permanente. Una ejecución por ISIS, los atentados del 11 de Sept, los del 11 de marzo, un acto terrorista en París, Bélgica, Orlando, Niza, Irak o Afganistán, se suma la violencia mediática. Según un informe, existen más de 1.500 webs y sitios xenófobos, decenas de conciertos de música racista y neofascista y más de 10.000 ultras y neonazis en España.[6] Abou al-Adnani, portavoz del Estado Islámico, publicó un mensaje dirigido a sus simpatizantes por Twitter, que se cuentan por millares, a final de mayo pasado: “Si pueden matar un infiel estadounidense o europeo, especialmente a un malvado y sucio francés, entonces confíen en Alá y mátenlo de cualquier manera”.[7] Todo está registrado en millares de celulares y cámaras de seguridad que posteriormente servirán para difundir sentimientos de terror. En el mundo contemporáneo la combinación del poder absoluto del terrorismo con el poder absoluto de los medios, tiende a corromper el psiquismo, ejerce su influencia. Tendremos que estudiarla. El programa tácito en el que coinciden los medios y la violencia, provoca en la subjetividad el consentimiento a ser llevados ante la pantalla sin que se pueda cerrar los párpados. Nos vemos forzados a observar escenas de extrema violencia durante largos períodos de tiempo y a convertirnos en idiotas. Es tal como una lobotomía frontal o como el programa de rehabilitación llamado “Ludovico” descrito en la “Naranja Mecánica”, apoyado en condicionamientos. Después de varias sesiones, quedamos incapacitados para reaccionar ante situaciones de violencia, incluso en defensa propia. En las últimas décadas sufrimos un entrenamiento con los reality shows en que los concursantes viven un determinado encierro que los obliga a relacionarse, explotando personalidades y actitudes exageradas que propicien la emergencia explícita y humor negro frente a la explosión emocional, los celos, las envidias, los desnudos, el racismo, la violencia, la rivalidad, el machismo, etc., todo esto ante millones de espectadores.

El resultado posible y peligroso por esta vía es diverso: El negacionismo de la sociedad contemporánea similar al de los alemanes y los mismos judíos frente al holocausto; que el horror se vuelva rutina; que nos invada la desilusión; y que seamos privados de adoptar decisiones éticas. A. Burgess, autor del libro “La Naranja Mecánica” dice: “Por definición, el ser humano está dotado de libre albedrío, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar mal, no será más que una naranja mecánica, lo que quiere decir que en apariencia será un hermoso organismo de color y zumo, pero de hecho no será más que un juguete mecánico al le darán cuerda.”[8] “Cuando el hombre deja de elegir, deja de ser hombre” es la frase de Rousseau que desnuda las fibras más íntimas de los intentos de modelar los goces del hombre.

“La ética del psicoanálisis, tiene por orientación el respeto a los modos singulares de goce que llamamos síntomas”[9]. Reconocimiento y respeto por los modos en que las personas se las ven con su propio modo de goce. En un momento discursivo y social donde muchos se ofertan a la muerte a nombre de su propio goce, estamos convocados a seguir un programa diferente de recomposición del vínculo social que no siga las vías del S1, un programa tan antiguo como el de Scherezade en su triunfo como mujer, como poeta y como dueña de la palabra, frente a la locura violenta, machista y tirana del sultán.


INVITACIÓN PARA ESCRIBIR EN BOLETÍN ACCIÓN LACANIANA (BAL)

Ante la época actual en la que la cultura atraviesa el horror de la crueldad, el terror de la violencia, la ferocidad del odio y de la pulsión de muerte, se produce un anonadamiento, un arrasamiento del sujeto que se extiende hasta la indiferencia. Asimismo, la complicidad pasiva o activa ante las atrocidades, la impunidad y la falta de eficacia de la justicia obedecen a una labilidad simbólica que conduce a lo ominoso, aquel nombre de lo que no tiene nombre.

Así, esta conmoción actual producto del recrudecimiento del horror que atropella al mundo, no es, sino la presencia de la pulsión de muerte intrínseca a la condición humana, que acarrea una serie de consecuencias, no sin provocar transformaciones en la subjetividad.

Invitamos a una búsqueda, una reflexión desde el psicoanálisis sobre este tránsito cotidiano de lo siniestro que retorna como un exceso acrecentado en su potencia destructiva, donde lo incalculado y la aberración es la degradación del sujeto en tanto, se degrada a sí mismo o es degradado por sus semejantes.
¿De qué manera el psicoanálisis puede abrir nuevos resquicios que posibiliten asestar un golpe a la indiferencia generalizada frente a los excesos del mal que irrumpen y arrasan con la subjetividad y con los cuerpos?

María Elena Lora

Los textos de no más de 3000 caracteres, pueden enviarlos a cualquiera de los integrantes del Cartel Acción Lacaniana: Carlos Márquez (Más Uno), María Cristina Giraldo, Lorena Greñas, María Elena Lora, Marcela Almanza y José Fernando Velásquez

[1] Bassols, M. “El odio como vínculo y ruptura”. Disponible en http://miquelbassols.blogspot.com
[2] Lacan, J. “Seminario XIX, O peor”.
[3] Delgado, O. “Oscuro goce del Estado terrorista”. Descargable en: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-242179-2014-03-20.html
[4] Miller, J-A. “Extimidad”. Buenos Aires: Paidós, 2010.
[5] Stowe, H. B. “La Cabaña del Tío Tom”.
[6] Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/1869583/0/informe-movimiento-contra-intolerancia/mas-de-1500-webs/xenofobia-intolerancia/#xtor=AD-15&xts=467263
[7] “No para el horror”. Revista Semana Edición # 1785.
[8] Burgess, A. “La Naranja mecánica”. 1986.
[9] Delgado, O. “Es la satisfacción de la pulsión de muerte la que gobierna los actos de tomar a lo diferente como hostil”. Descargable en: http://www.telam.com.ar/notas/201506/110357

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